viernes, 6 de marzo de 2026

Reflexión: Irán en el centro de la tormenta. Claves para entender la crisis actual en Oriente Medio

Un recorrido por el origen de la tensión nuclear, la rivalidad regional y el debate internacional sobre el doble rasero en Oriente Medio.

 

En las últimas semanas, la situación en Irán ha vuelto a ocupar titulares en todo el mundo. Ataques militares, tensiones diplomáticas y el temor a una posible guerra regional han situado de nuevo a Oriente Medio en el centro de la política internacional. Sin embargo, para comprender lo que está ocurriendo hoy, es necesario mirar más atrás y entender los procesos políticos, estratégicos e históricos que han ido acumulando tensiones durante décadas.
 
Este artículo ofrece una explicación clara y accesible del conflicto. Me he extendido un poco para evitar simplificaciones que puedan generar malentendidos, dada la sensibilidad del momento. Con humildad, intento argumentar a varios de los elementos clave que han dado forma a esta compleja realidad.
 
 
Una de las principales fuentes de tensión entre Irán y varias potencias occidentales está relacionada con su programa nuclear. El gobierno iraní sostiene desde hace años que su objetivo es desarrollar energía nuclear con fines civiles, es decir, para la producción de electricidad y el desarrollo tecnológico. Sin embargo, algunos países temen que este programa pueda utilizarse también para fabricar armas nucleares.
 
Para intentar evitar esa posibilidad, en 2015 se firmó un acuerdo internacional conocido como Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), resultado de largas negociaciones entre Irán y varias potencias mundiales. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el acuerdo obligaba a Irán a reducir considerablemente sus reservas de uranio enriquecido, limitar el nivel de enriquecimiento y permitir inspecciones internacionales periódicas en sus instalaciones nucleares.

A cambio, la comunidad internacional se comprometía a levantar progresivamente las sanciones económicas que pesaban sobre el país. Durante los primeros años del acuerdo, diversos informes de la AIEA indicaron que Irán estaba cumpliendo con los compromisos establecidos.

 

Acuerdo de negociación JCPOA, 2015 Fuente. (Foto: internet)

 

Sin embargo, en 2018 el acuerdo sufrió un golpe decisivo cuando Estados Unidos, durante la presidencia de Donald Trump, decidió retirarse unilateralmente del pacto, al considerar que era insuficiente y exigir medidas más duras. Tras esta decisión, Washington restableció fuertes sanciones económicas contra Irán, lo que debilitó seriamente el acuerdo y provocó que el gobierno iraní comenzara a aumentar de nuevo sus niveles de enriquecimiento de uranio.

 

El doble rasero del TNP 

En el debate internacional sobre el programa nuclear iraní aparece con frecuencia una crítica importante: la existencia de lo que muchos analistas denominan un doble rasero en el sistema nuclear internacional. 

Irán es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), un acuerdo internacional creado en 1968 que busca evitar la expansión de las armas nucleares. Los países que firman este tratado se comprometen a no desarrollar armas nucleares y a permitir inspecciones internacionales para verificar que su tecnología nuclear se utiliza únicamente con fines civiles.

 

Firma del Tratado de No Proliferación Nuclear, el TNP, Moscú, 1 de julio de 1968 (Foto: Internet)

 

Israel, en cambio, nunca ha firmado este tratado.

El gobierno israelí mantiene desde hace décadas una política de ambigüedad —ni confirma ni niega oficialmente poseer armas nucleares— diversos estudios de institutos como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) estiman que Israel dispone de un arsenal nuclear desde finales del siglo XX. A diferencia de Irán, Israel no permite inspecciones internacionales sobre sus instalaciones nucleares, ya que no forma parte del tratado.

Esta situación ha sido criticada por diversos países, especialmente por gobiernos y analistas del llamado Sur Global, quienes consideran que existe una desigualdad en la forma en que se aplican las normas internacionales. 

Desde esta perspectiva, resulta problemático que se exija a Irán cumplir estrictamente con el régimen de no proliferación mientras Israel permanece fuera de ese marco sin afrontar presiones comparables.

A ello se suma la estrecha relación estratégica entre Estados Unidos e Israel. Según diversos analistas de política internacional y estudios del Council on Foreign Relations, Washington ha mantenido históricamente una posición de fuerte apoyo político y militar hacia Israel, lo que algunos observadores interpretan como una forma de protección hacia su aliado en el contexto del debate nuclear.

Durante muchos años, el enfrentamiento entre Irán, Israel y Estados Unidos no se ha manifestado como una guerra directa, sino más bien como una serie de conflictos indirectos que se desarrollan en distintos países de la región.

Irán ha apoyado política y militarmente a varios grupos armados en Oriente Medio, entre ellos: Hezbolá, en Líbano; Hamás, en la franja de Gaza; milicias chiíes en Irak o el movimiento hutí en Yemen.

Estos grupos forman parte de una red de alianzas regionales que permite a Irán proyectar influencia en diversos conflictos sin posicionar su bandera. Desde la perspectiva de Israel y de Estados Unidos, estas organizaciones representan una amenaza directa o indirecta a su seguridad.

Por su parte, Israel ha llevado a cabo durante años operaciones encubiertas, sabotajes y ataques selectivos contra instalaciones vinculadas al programa militar iraní o contra posiciones de sus aliados en países como Siria. 

 
Foto: Peggy_Marco

La escalada tras la guerra de Gaza

La situación regional se volvió aún más tensa tras el estallido de la guerra entre Israel y Hamás en 2023.

Este conflicto generó una reacción en cadena en diferentes puntos de Oriente Medio. Desde entonces se han producido ataques desde el sur del Líbano contra Israel por parte de Hezbolá, bombardeos israelíes contra posiciones vinculadas a Irán en Siria, y ataques de milicias proiraníes contra bases militares estadounidenses en Irak y otros países de la región.

Muchos analistas consideran que Oriente Medio se encuentra actualmente en una situación de conflicto de baja intensidad, en el que distintos actores se enfrentan de forma indirecta sin llegar, al menos por ahora, a una guerra abierta a gran escala.

Más allá de los intereses geopolíticos y estratégicos, el conflicto también está marcado por un profundo clima de miedo mutuo y desconfianza.

Israel considera que la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares supondría una amenaza existencial para su seguridad. Algunos discursos de líderes iraníes y el apoyo de Teherán a grupos armados hostiles alimentan esa percepción de peligro.

Por su parte, Irán percibe la presión internacional, las sanciones económicas y las operaciones militares encubiertas como una amenaza constante a su soberanía. Desde esta perspectiva, el desarrollo tecnológico y militar puede interpretarse como una forma de defensa frente a posibles agresiones externas.

Este clima de desconfianza estructural genera una dinámica en la que cada movimiento  es interpretado por el otro como una amenaza, lo que alimenta un ciclo continuo de tensión.

Al mismo tiempo, Irán atraviesa desde hace años una profunda crisis económica y social. Las sanciones internacionales han afectado gravemente a su economía, provocando inflación, dificultades para importar determinados productos y un creciente malestar social.

En los últimos años se han producido también diversas protestas en ciudades del país, algunas de ellas relacionadas con la situación económica y otras con demandas sociales y políticas. En varios casos, estas protestas han sido reprimidas con dureza por las autoridades, lo que ha aumentado la tensión interna.

 

Foto: Aljazeera medios

 

Este contexto de fragilidad económica y presión social añade una dimensión adicional a la situación política del país que ha evolucionado hacia un escenario cada vez más delicado.

La preocupación internacional se debe también al papel estratégico de Oriente Medio en el comercio global y en el suministro energético, lo que significa que cualquier crisis regional puede tener consecuencias económicas y políticas a escala mundial.

 

Mohammad Mosaddeq (2)

 

El acercamiento entre Irán y China en los últimos años es uno de los elementos geopolíticos clave más importantes para entender la evolución del conflicto en Oriente Medio. No se trata únicamente de una relación diplomática puntual, sino de una convergencia estratégica en el terreno económico, energético y político que, sin lugar a dudas, no ha pasado desapercibido a ojos de los EEUU.

Irán posee algunas de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo, mientras que China es uno de los mayores consumidores de energía del planeta. Esta complementariedad ha favorecido una cooperación cada vez más estrecha del duo.

A pesar de las sanciones internacionales impulsadas principalmente por Estados Unidos, China se ha convertido en uno de los principales compradores de petróleo iraní (1). Para Teherán, esto representa una vía fundamental para mantener ingresos económicos en un contexto de fuerte presión internacional.

Para China, en cambio, Irán es un socio estratégico dentro de su política energética y de su proyecto de expansión comercial global, especialmente en el marco de la iniciativa conocida como la Nueva Ruta de la Seda.

El conflicto actual en torno a Irán no puede entenderse como una simple confrontación entre dos países. Se trata más bien de una red compleja de rivalidades geopolíticas, alianzas estratégicas, tensiones ideológicas y debates internacionales sobre el sistema de seguridad global. A ello se suma una discusión cada vez más visible sobre la equidad del sistema nuclear internacional, el papel de las grandes potencias y la influencia de las alianzas políticas en la aplicación de las normas internacionales.

Comprender esta complejidad resulta fundamental para evitar interpretaciones simplistas y para seguir con mayor claridad la evolución de una situación que, por ahora, sigue abierta e incierta.

En un mundo cada vez más interconectado, los acontecimientos que se desarrollan en Oriente Medio no afectan únicamente a los países directamente implicados. También influyen en la economía global, en la política internacional y en la seguridad colectiva.


 

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lunes, 2 de marzo de 2026

Com explicar l’art contemporani a una amiga (sense trair la seva sensibilitat) o a qui vulgui entendre

Com explicar l’art contemporani a una amiga (sense trair la seva sensibilitat)

Imagina l’escena: una sobretaula tranquil·la, el cafè encara calent, i ella —sensible, acostumada a mirar la bellesa clara de la forma i l’harmonia— diu amb honestedat: «No ho entenc. Això no em diu res.» I no ho diu des del menyspreu, sinó des d’una sensibilitat real. Perquè qui s’emociona davant la llum de Joaquín Sorolla o davant la geometria espiritual de la Mezquita Hassan II no està tancada a l’art; busca veritat i bellesa.

 

Mezquita Hassan II, Marruecos

L’art clàssic no reflecteix el món: el construeix

L’art clàssic no reflecteix el món de manera neutra; l’organitza segons uns ordres. Durant segles, Vitruvi —arquitecte i teòric romà de l’època de Juli Cèsar— va ser llegit gairebé com una autoritat absoluta. El seu tractat es va convertir en cànon. Però quan es van estudiar les ruïnes romanes in situ, es va comprovar que la pràctica era més flexible que la teoria: proporcions variables, solucions diverses, una teorizació gairebé “a la carta”. Fins i tot el que anomenem clàssic va ser interpretació i selecció. No era etern; era històric.

Aquí hi ha el pont: si el classicisme confiava en ordres estables, l’art contemporani parteix de la consciència que aquests ordres són fràgils.

 

El xoc no és de sensibilitat, sinó d’expectativa. Si davant l’art clàssic preguntem “què representa?” o “com de ben fet està?”, davant l’art contemporani potser cal provar amb: “què m’està dient?”, “què qüestiona?”, “per què ara?”.

 

Pensa en Marina Abramović i la seva obra Rhythm 0 (1974): no exhibeix virtuosisme, sinó vulnerabilitat. O en Ai Weiwei amb Sunflower Seeds o Remembering (2009): no competeix amb l’harmonia clàssica, sinó que treballa amb la urgència del present, amb la memòria i la denúncia.

 

Rhythm 0 (1974)


“Rhythm 0” d’Marina Abramović és una performance en què l’artista es va posar completament a disposició del públic durant sis hores, amb una taula de 72 objectes, alguns per fer plaer i altres per fer mal

Durant la performance “Rhythm 0”, al principi el públic va interactuar de manera suau amb Marina Abramović, tocant-la lleugerament o utilitzant els objectes d’una manera inofensiva. Però a mesura que passaven les hores, algunes persones es van tornar més agressives: li van tallar la roba, li van col·locar objectes punxeguts o armes sobre el cos i fins i tot la van posar en situacions de risc amb una pistola carregada.

Aquesta evolució va mostrar com el comportament humà pot canviar quan desapareixen els límits i les responsabilitats, i va posar l’artista en una situació de vulnerabilitat extrema, convertint la peça en un estudi visceral sobre la confiança, la violència i la llibertat.

 

“Semillas de girasol” d’Ai Weiwei ens recorda que darrere de cada xifra o multitud hi ha vides úniques i històries personals. Cada llavor de porcellana, feta a mà, simbolitza la singularitat dins la col·lectivitat i evoca la memòria de la història xinesa, inclosa l’època de Mao, així com la relació entre individus i poder. L’obra crea un espai silenciós per reflexionar sobre la fragilitat de la vida, la força de la comunitat i la importància de preservar la dignitat i la identitat de cada persona.

 

L’art de les últimes tendències no neix per decorar, sinó per fer pensar. I aquí poden ajudar-nos Walter Benjamin i Theodor W. Adorno.

Benjamin parlava de la pèrdua de l’“aura” en l’era de la reproducció tècnica: quan la imatge es multiplica i es consumeix ràpidament, canvia la nostra manera de mirar-la. Estem envoltats d’imatges, però això no vol dir que les mirem de debò. Potser per això l’art contemporani intenta interrompre la mirada automàtica.

Adorno, per la seva banda, defensava que l’art crític no ha d’adaptar-se dòcilment al mercat ni limitar-se a embellir la realitat. L’art, deia, ha d’incomodar, ha de resistir la lògica del consum. Quan una obra ens molesta o ens desconcerta, potser està complint exactament aquesta funció.

Pensa en La vida es bella de Roberto Benigni: construeix un relat que endolceix l’horror amb una fantasia protectora. En canvi, Ai Weiwei prefereix la confrontació incòmoda, la veritat crua, els noms propis de la seva obra Remembering. Són dues maneres radicalment diferents d’afrontar la memòria.

 

Remembering, 2009

 

El 12 de maig de 2008, a la província xinesa de Sichuan, la terra va tremolar durant gairebé dos minuts que es van fer eterns. Tot i que les xifres oficials han estat objecte de debat, es calcula que prop de 80.000 persones van perdre la vida.

Una part molt significativa de les víctimes eren infants, que van quedar sepultats sota les seves escoles, edificis que no van resistir la força del sisme. Amb el pas del temps, van sorgir denúncies i sospites sobre la qualitat de les construccions, assenyalant possibles irregularitats i desviacions de fons destinats a garantir la seguretat.

Més enllà de les xifres i de les responsabilitats, aquell terratrèmol va deixar una ferida profunda en milers de famílies i en la memòria col·lectiva.

«Remembring» és una obra feta amb motxilles infantils que porta el missatge: “On són les vides?” 

 

En una societat accelerada, pràctica, gairebé anestesiada per la immediatesa, un art que no “serveix” per a res útil pot semblar superflu. Però potser aquí rau la seva força: ens obliga a aturar-nos, a pensar, a no acceptar l’ordre establert sense qüestionar-lo.



Aquesta reflexió no vol convèncer ningú ni imposar gustos. Vol acompanyar una altra manera de mirar. La sensibilitat ja hi és —en l’harmonia del mosaic, en l’emoció del retrat—; només cal canviar la pregunta.

Perquè l’art contemporani no sempre té l’ànima en la forma, sinó en la idea. I pensar, avui, enmig del soroll i la velocitat, és gairebé un acte de resistència.

El clàssic va construir ordres que semblaven eterns; el contemporani ens recorda que no ho són. I en aquesta tensió no hi ha ruptura absoluta, sinó una conversa històrica contínua. Una conversa que, si la deixem entrar a la sobretaula, pot esdevenir profundament humana.

 

Per l'OUMI i per despertar conciències. 

 

Explicació de les obres presentades:

La vida es bella

Remembering, 2009 

Rhythm 0 (1974)

Ai Weiwei: Sunflower Seeds