Nuevos descubrimientos arqueológicos vuelven a abrir el enigma del origen de la escritura en la Península Ibérica
Hay preguntas que no desaparecen con el paso del tiempo; simplemente permanecen ahí, esperando que un nuevo descubrimiento arqueológico vuelva a ponerlas sobre la mesa. Hace poco menos de un año escribía en este blog sobre Las golondrinas de Tartessos, la obra de la historiadora Ana María Vázquez Hoys, publicada en el año 2008, en el siguiente artículo: Las golondrinas de Tartessos, cuando el sur aprendió a "escribir" antes que el mundo. La doctora Hoys planteaba una cuestión tan sugerente como controvertida: ¿y si la historia de la escritura en la Península Ibérica hubiera comenzado mucho antes de lo que tradicionalmente hemos pensado?.
La pregunta, en realidad, nos sitúa ante uno de los grandes enigmas de nuestro pasado. Durante décadas, la investigación arqueológica, histórica y epigráfica ha construido un modelo sólido para explicar la aparición de la escritura en el suroeste peninsular. Según esta interpretación, los fenicios llegaron a las costas del sur durante el primer milenio antes de nuestra era y establecieron una intensa relación comercial y cultural con las poblaciones indígenas. Con ellos circularon mercancías, técnicas, conocimientos, creencias y nuevas formas de organización, entre ellas la escritura. En ese contexto de contactos e intercambios habría surgido una tradición gráfica propia que conocemos como escritura tartésica o escritura del suroeste. Sin embargo, los nuevos hallazgos arqueológicos están introduciendo matices que obligan a volver sobre esta historia y a formular una pregunta tan sencilla como trascendental: ¿estamos seguros de que conocemos el verdadero origen de la escritura en Tartessos?
Sin embargo, la arqueología rara vez permite que las explicaciones sencillas permanezcan intactas durante mucho tiempo.
Y Tartessos es, probablemente, uno de los mejores ejemplos.
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Áreas de colonización fenicia y griega, siglos VIII-VI a. C.
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Una pequeña pieza que contiene una gran historia
En el extraordinario yacimiento de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz), las excavaciones están proporcionando desde hace años una cantidad excepcional de información sobre las sociedades que habitaron el suroeste peninsular durante la Edad del Hierro. El edificio monumental, los rituales, los animales sacrificados, las esculturas antropomorfas y los objetos de procedencia diversa han obligado a reconsiderar muchas de las ideas que teníamos sobre Tartessos.
Pero entre todos esos descubrimientos hay uno que, por sus dimensiones, podría pasar casi desapercibido y que, sin embargo, tiene una importancia enorme para comprender la historia de la escritura.
Se trata de una pequeña placa de pizarra grabada.
| Tablilla con los dibujos de la inscripción con un abecedario paleohispánico meridional. Datación siglo V a. C. Descubrimiento 2024. |
En ella aparecen figuras humanas y, junto a ellas, una sucesión de signos que inicialmente podían parecer una inscripción más. El estudio detallado de la pieza permitió identificar 21 signos completos, dispuestos de tal manera que los investigadores pudieron reconocerlos como un abecedario paleohispánico meridional.
Y aquí está lo verdaderamente extraordinario.
No estamos simplemente ante alguien que escribió una palabra o una breve frase. Estamos ante una secuencia ordenada de signos que nos permite acercarnos al sistema mediante el cual una comunidad aprendía y transmitía la escritura.
El estudio publicado en Palaeohispanica en 2025 ha mostrado, además, que estos signos presentan una correspondencia muy estrecha con los del conocido abecedario de Espanca, descubierto en Castro Verde, en el actual Portugal. La comparación entre ambas piezas permite reforzar la existencia de una tradición gráfica extendida por el suroeste de la Península.
Una pequeña pizarra, por tanto, acaba convirtiéndose en una ventana hacia un mundo mucho más complejo.
Aclaración importate por mi parte: Encontrar un abecedario no significa encontrar el origen
Aquí conviene detenerse, no pretendo desbocar mi interpretación, porque es precisamente donde pueden aparecer algunas interpretaciones demasiado apresuradas.
El descubrimiento de Turuñuelo no demuestra que la escritura tartésica sea más antigua de lo que hasta ahora consideramos, ni permite afirmar que los habitantes del suroeste peninsular escribieran hace cuatro o cinco mil años. La pieza pertenece a un contexto de la Edad del Hierro y debe interpretarse dentro de esa cronología.
Pero existe una diferencia importante entre descubrir una escritura y descubrir su origen.
Cuando encontramos un abecedario ya organizado, estamos observando el resultado de un proceso que necesariamente tuvo que desarrollarse con anterioridad. Para que alguien pudiera grabar una secuencia de signos, tenía que conocerlos, diferenciarlos, asociarlos a determinados valores y, de algún modo, haber aprendido un sistema que también podía ser enseñado a otras personas.
El abecedario de Turuñuelo no nos muestra el principio de esa historia. Nos muestra un momento de esa historia, y esa diferencia es fundamental.
Espanca y Turuñuelo: dos piezas de un mismo rompecabezas
La comparación con el abecedario de Espanca resulta especialmente interesante porque permite observar que no estamos ante una manifestación aislada.
La pieza portuguesa, descubierta en el siglo XX, constituye uno de los testimonios más importantes de esta tradición gráfica meridional. La aparición ahora de un nuevo abecedario en Turuñuelo permite establecer paralelismos entre ambos documentos y proporciona nuevos datos para estudiar el orden, la forma y la evolución de los signos.
Estamos comenzando, por tanto, a conocer no solamente algunas inscripciones, sino la estructura interna de un sistema de escritura.
Y esto cambia la perspectiva.
Durante mucho tiempo, cuando hablábamos de Tartessos pensábamos sobre todo en sus metales, en el comercio, en los contactos con fenicios y griegos o en las riquezas mencionadas por las fuentes antiguas. Los nuevos descubrimientos nos están mostrando, sin embargo, una sociedad capaz de desarrollar una cultura material compleja, organizar espacios monumentales y rituales y, además, utilizar sistemas de escritura propios.
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| Pendientes en oro fusiformes dobles del yacimiento de Cancho Roano. |
Tartessos deja de parecer una sombra mencionada de pasada por los autores antiguos y comienza a adquirir una presencia mucho más concreta, pero con mucha prudencia.
¿Fueron realmente los fenicios quienes trajeron la escritura?
Esta es una de las preguntas más delicadas, pero no deja de ser la que me ronda y más, después de conocer la navecita de Huelva que visualizó la doctora Hoys.
La presencia fenicia en el sur de la Península está perfectamente documentada y su influencia cultural fue enorme. Los contactos comerciales y culturales con las comunidades indígenas transformaron profundamente el territorio y favorecieron la circulación de objetos, técnicas, ideas y modelos de organización.
También es evidente que las escrituras paleohispánicas están relacionadas, de una manera u otra, con las tradiciones gráficas del Mediterráneo oriental.
Pero decir que los fenicios “trajeron la escritura” y que los habitantes de la Península se limitaron a copiarla resulta probablemente demasiado..., sencillo?, y más, tras los constantes hallazgos.
La escritura del suroeste presenta características propias y fue adaptada a una lengua diferente de las lenguas semíticas que utilizaban los fenicios. No estamos ante una simple reproducción de un alfabeto extranjero, sino ante un proceso de adaptación cultural en el que los modelos gráficos fueron transformados para responder a las necesidades de las comunidades que los utilizaron.
Y precisamente ahí reside uno de los aspectos más interesantes de esta cuestión: la escritura pudo llegar como conocimiento, pero el sistema que finalmente encontramos en el suroeste fue el resultado de una transformación local.
Los descubrimientos actuales no han demostrado la hipótesis de Vázquez Hoys.
No podemos afirmar que la escritura peninsular tenga un origen neolítico o calcolítico, ni que Tartessos dispusiera de escritura miles de años antes de los fenicios. No existe actualmente un consenso arqueológico, ni pruebas arqueológicas certeras que permita sostener semejante afirmación.
Y, precisamente por eso, resulta más interesante volver sobre aquella hipótesis desde la perspectiva de la arqueología actual.
Porque hoy disponemos de muchas más piezas del rompecabezas.
La pregunta que permanece
El abecedario de Turuñuelo no ha retrasado varios milenios la aparición de la escritura en la Península, pero sí nos permite comprender mejor la complejidad que había alcanzado la tradición gráfica del suroeste durante la Edad del Hierro.
Y esto vuelve a llevarnos a la pregunta inicial.
¿Cómo comenzó todo?
Sabemos que existieron contactos con las culturas mediterráneas; sabemos que las comunidades indígenas adoptaron y transformaron determinados modelos; sabemos que surgió una tradición gráfica propia y que esta tradición llegó a disponer de abecedarios, como los de Espanca y Turuñuelo.
Pero todavía no conocemos con absoluta precisión el proceso que llevó desde los primeros contactos hasta la creación de ese sistema.
La arqueología puede mostrarnos el momento en que encontramos una escritura ya formada, pero entre ese momento y su origen existe un espacio de tiempo que todavía debemos reconstruir.
Y es precisamente en ese espacio donde se encuentran algunas de las preguntas más fascinantes.
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| El carro de bronce hallado en Casas del Turuñuelo, Guareña (Badajoz). Campaña 2026. (RTVE. 2026) |
¿Qué ocurrió antes?
Tal vez algún día aparezca una inscripción más antigua que permita llenar parte de ese vacío.
Tal vez encontremos nuevos abecedarios.
Tal vez aparezcan signos en contextos arqueológicos que obliguen a revisar las cronologías actuales.
O quizá las futuras investigaciones confirmen que la escritura del suroeste nació, como sostienen muchos investigadores, en el contexto de los contactos mediterráneos de la Edad del Hierro.
Hoy no podemos saberlo.
Lo que sí podemos hacer es distinguir entre lo que conocemos y lo que todavía estamos intentando descubrir.
Primer artículo de esta catagoría: Las golondrinas de Tartessos, cuando el sur aprendió a "escribir" antes que el mundo.
Fuentes
Construyendo Tarteso. Construyendo Tarteso 3.0.
Redacción. (2024, 12 de junio). Un abecedario tartésico casi completo hallado en Badajoz: Un descubrimiento que reescribe la historia de la escritura en España. Noticias de Paracuellos de Jarama








