miércoles, 29 de abril de 2026

Reflexión: El pueblo judío: memoria, exilio y la persistencia del rechazo

El antisemitismo como estructura histórica y social 

 

Esta reflexión no nace de un libro ni de una clase, sino de conversaciones inesperadas en el gimnasio. Entre máquinas, rutinas y esfuerzos compartidos, surgió una pregunta que, en apariencia, parecía simple, pero que arrastra siglos de historia: ¿por qué el pueblo judío ha sido tan rechazado a lo largo del tiempo?

Resulta curioso cómo, en espacios tan cotidianos, pueden aparecer cuestiones tan profundas. Quizá porque, en el fondo, las grandes preguntas no pertenecen solo a la academia, sino a la experiencia e inquietud común.

Hablar del pueblo judío es hablar de una historia profundamente marcada por la memoria, pero también por una constante incomodidad: la persistencia del antisemitismo, una forma de rechazo que ha atravesado épocas y contextos muy distintos.

 

Imagen de Ri Butov en Pixabay

 

Desde sus orígenes en el antiguo Oriente Próximo, el pueblo judío ha vivido muchas veces en diáspora, es decir, fuera de un territorio propio, en una identidad en constante  movimiento. Esa condición ha hecho que, en numerosos contextos, fueran percibidos como “diferentes”.

No es un detalle menor. A lo largo de la historia, las sociedades han tendido a desconfiar de quienes no encajan del todo en sus normas, creencias o costumbres. Y esa diferencia —religiosa, cultural o incluso simplemente percibida— ha sido una de las bases del rechazo.

  

Sefarad: convivencia y ruptura

En la península ibérica, durante siglos, judíos, cristianos y musulmanes compartieron espacios de vida y de conocimiento. Aunque esta convivencia nunca fue del todo estable, los judíos todavía eran percibidos como el “pueblo deicida”, si bien su presencia se mantenía en un marco de relativa tolerancia y bajo la expectativa de su eventual conversión al cristianismo, de un arrepentimiento o, simplemente, como aquellos condenados espiritualmente sin más. Ésta era la principal visión hacia ellos por  parte de la sociedad mayoritaria.

 

Imagen de Carlos Ramón Bonilla Miranda en Pixabay

 

El punto de ruptura se produjo en 1492, aunque no fue de forma repentina. Ya en 1391, los pogromos —violentos ataques contra las comunidades judías— marcaron un antes y un después: muchos judíos murieron, otros huyeron y muchos se convirtieron al cristianismo. A partir de ese momento, la convivencia se transformó profundamente, dando lugar a una segregación progresiva de la comunidad judía. La figura del converso generó nuevas tensiones y sospechas que, con el tiempo, alimentaron un clima creciente de desconfianza. En este contexto, el Edicto de Granada de 1492 no puede entenderse como un hecho aislado, sino como el desenlace de un largo proceso de presión social, prejuicio religioso y búsqueda de uniformidad.

Aquí se observa uno de los mecanismos centrales del antisemitismo: la construcción de una identidad colectiva basada en la exclusión del otro. En este contexto, el judío pasa a ser aquello que no encaja dentro de los parámetros sociales dominantes. 

Este clima de desconfianza fue fundamental en la creación de la Inquisición española en 1478, que inició su actividad en Sevilla. Su objetivo principal fue la vigilancia y el control de los conversos. Al frente de esta institución se situó Tomás de Torquemada, figura controvertida, pero, principalmente, clave en su desarrollo histórico.

 

El rechazo como patrón histórico

A lo largo del tiempo, el antisemitismo ha cambiado de forma, pero no ha desaparecido. En la Edad Media se sustentó principalmente en argumentos religiosos; más adelante, en la Edad Moderna y Contemporánea, fue adoptando también formas económicas, políticas e incluso pseudocientíficas.

En momentos de crisis, las comunidades judías fueron con frecuencia convertidas en chivos expiatorios. Epidemias, dificultades económicas o conflictos sociales encontraron en ellas un blanco fácil, no por hechos reales, sino por una combinación de factores históricos, sociales y simbólicos que se fueron acumulando a lo largo de los siglos. Su condición de minoría visible, dispersa y sin un territorio propio las hacía especialmente vulnerables en contextos de tensión social.

En primer lugar, esta dispersión por distintos territorios europeos implicaba ser una presencia minoritaria en cada uno de ellos, lo que facilitaba su identificación como “extraños” dentro de la sociedad mayoritaria. Al no contar con un Estado propio ni con estructuras políticas de protección estables dentro de los reinos donde vivían, su posición dependía en gran medida de la tolerancia —o la hostilidad— de las autoridades locales.

En segundo lugar, su identidad religiosa diferenciada dentro de sociedades mayoritariamente cristianas, en un tiempo donde la religión pesaba más que la "raza", los situó durante siglos en una posición de alteridad constante. Aunque existieron periodos de convivencia e intercambio cultural, también se consolidaron estereotipos teológicos muy arraigados, como la acusación de ser el “pueblo deicida”, que contribuyeron a justificar su exclusión o persecución.

A esto se sumó un factor económico relevante. En la Europa medieval y moderna, la prohibición eclesiástica para los cristianos de cobrar intereses en los préstamos hizo que el crédito adoptara formas diversas y que, en algunos contextos concretos, parte de estas actividades recayeran también en comunidades judías, aunque no de manera exclusiva ni uniforme. De hecho, la mayoría de la población judía desempeñaba oficios muy variados, como el comercio, la artesanía o la medicina, entre otros.

 

Imagen de Frantisek Krejci en Pixabay

 

 

Sin embargo, con el tiempo, esta realidad parcial acabó simplificándose y dando lugar a un estereotipo: la asociación de los judíos con las actividades financieras. Esta imagen no reflejaba la diversidad real de sus ocupaciones, pero se fue consolidando socialmente y fue utilizada en determinados contextos para alimentar prejuicios.

En momentos de crisis económica o social, este estereotipo contribuyó a reforzar resentimientos existentes, que a menudo se reinterpretaron en clave religiosa o moral, profundizando así las dinámicas de exclusión.

Con el paso a la Edad Contemporánea, estos prejuicios se transformaron y se “modernizaron” en forma de teorías conspirativas que atribuían a los judíos un poder oculto o una influencia desproporcionada en la política y la economía. Estas ideas, completamente infundadas, tuvieron consecuencias muy graves y alcanzaron su máxima expresión en el siglo XX con el Holocausto.

En conjunto, el antisemitismo no responde a una única causa, sino a la persistencia histórica de estereotipos que se adaptan a cada época. Cambian sus argumentos, pero se mantiene el mismo mecanismo: convertir a una minoría en explicación simplificada de problemas complejos.

 

El presente: entre historia y conflicto

Tras la Segunda Guerra Mundial, la creación del Estado de Israel fue, para muchos judíos, una respuesta a siglos de persecución. La posibilidad de un lugar propio, seguro, no era solo un proyecto político, sino también una necesidad histórica profundamente arraigada.

Sin embargo, ese mismo proceso abrió un conflicto complejo que sigue activo hoy.

La situación en la Franja de Gaza y las tensiones con Irán han intensificado el debate global, generando posiciones muy polarizadas.

En este contexto, el papel de los liderazgos políticos —como el de Benjamin Netanyahu— también influye en cómo se perciben estos conflictos. Sus decisiones y discursos pueden reforzar críticas muy duras hacia el Estado de Israel.

Pero aquí aparece un matiz importante, y necesario: no todo cuestionamiento a Israel es antisemitismo, pero tampoco toda crítica está libre de prejuicios.

El riesgo surge cuando esa crítica política deja de dirigirse a decisiones concretas y se transforma, casi sin darse cuenta, en una desconfianza hacia todo un pueblo. Es en ese punto donde viejos patrones reaparecen bajo formas nuevas.

A lo largo de la historia, una de las constantes del antisemitismo ha sido precisamente esa: convertir a los judíos en un bloque uniforme, atribuyéndoles responsabilidades colectivas. Por eso, mantener la distinción entre política e identidad no es un detalle menor, sino una cuestión fundamental.

 

Una pregunta que sigue abierta

La conversación en el gimnasio no da respuesta a la pregunta inicial. Y quizá, tampoco, se pueda dar una única respuesta fuera de él.

Pero sí dejó algo claro: el antisemitismo no se explica por una sola causa ni pertenece únicamente al pasado. Es un fenómeno complejo, que habla tanto de la historia del pueblo judío como de los mecanismos de las sociedades en las que ha vivido.

Porque, en el fondo, la cuestión no es solo por qué se ha rechazado a los judíos, sino por qué las sociedades, una y otra vez, necesitan convertir a alguien en “el otro”.

Y reconocer eso —aunque resulte incómodo— es un primer paso. No para cerrar el debate, sino para hacerlo más honesto y sincero.

 

Imagen de Markus Spiske en Pixabay

Dedicado a George 

  

Bárcena, F. (2010). La memoria y el otro: reflexiones sobre historia, identidad y alteridad. Madrid: Trotta.

Baer, Y. (1981). Historia de los judíos en la España cristiana. Barcelona: Riopiedras.

Caro Baroja, J. (2000). Los judíos en la España moderna y contemporánea. Madrid: Istmo.

García Cárcel, R. (1996). La Inquisición. Madrid: Temas de Hoy.

Kamen, H. (1999). La Inquisición española: una revisión histórica. Barcelona: Crítica.

Nirenberg, D. (2013). Antijudaísmo: la historia del rechazo a los judíos. Barcelona: Crítica.

Pérez, J. (2009). Historia de los judíos en España. Madrid: Marcial Pons.

Todorov, T. (1991). Nosotros y los otros. Madrid: Siglo XXI.

Yerushalmi, Y. H. (2002). Zajor: la historia judía y la memoria judía. Madrid: Anthropos.

Hasta siempre, Sefarad. La expulsión de los judíos

 

lunes, 20 de abril de 2026

Reflexió: Allà dalt, entre creus i silencis

Entre la reverència i la memòria: què fem amb els símbols?

L’altre dia, parlant amb un company còmplice d'alçades, carenes i converses, vam acabar en un lloc metafòric inesperat. No recordo exactament com hi vam arribar —potser des del mateix filar d'altres converses, potser des d’una intuïció—, però de sobte estàvem parlant de creus als cims. D’aquestes estructures que apareixen allà dalt, com si la muntanya, per si sola, no fos prou.

La seva mirada era clara, gairebé tranquil·la. Per a ell, aquelles creus eren una forma de respecte. No les llegia com a imposició, sinó com a gest. Com una manera —potser antiga, potser senzilla— de reconèixer alguna cosa que ens supera. Les relacionava, gairebé totes, amb la religió, però no des del poder, sinó des d’una mena de reverència.

 

21 de març 2026

 

—I si no són tant una marca de domini, sinó un signe d’humilitat?

Jo no ho veia igual. Pensava en altres contextos, com els cims del País Basc, on algunes creus arrosseguen una memòria més incòmoda, vinculada a una època en què el poder també s’inscrivia en el paisatge sota la figura de Francisco Franco. Per a mi, en alguns casos, no són només símbols espirituals, sinó també històrics, fins i tot ideològics.

Ell escoltava, però no s’hi oposava. Simplement sostenia una altra manera de mirar.

—I si el que importa no és tant d’on vénen, sinó com les mirem ara?

La conversa va quedar oberta. No hi havia conclusió, només una mena d’equilibri fràgil entre dues lectures possibles. Com si el mateix objecte —una creu en un cim— pogués ser, alhora, pes i alleujament.

Dies després, gairebé de manera sobtada, va aparèixer la notícia: la creu de l’Aneto havia estat tallada i havia desaparegut.

I aleshores el pensament i la conversa van tornar. No com a record, sinó com a pregunta.

Perquè aquell gest —arrencar, eliminar, fer desaparèixer— no resol res per si sol. Si la creu podia ser llegida com a símbol de domini, també podia ser-ho de respecte. I, en fer-la desaparèixer, no desapareixen els significats, només es desplacen.

Queda el buit.

I el buit, potser, és encara més difícil d’interpretar. Perquè ja no hi ha objecte, però sí memòria. Ja no hi ha signe, però sí mirades que el continuen projectant.

Penso en el que em deia. En aquesta idea de la creu com a gest d’humilitat. I em pregunto què passa quan aquest gest és interromput. Si és una forma d’alliberament o una altra manera d’imposar una lectura.

Potser la qüestió no és si la creu ha de ser-hi o no. Potser la qüestió és més oberta i fràgil: qui decideix el sentit del paisatge? 

Perquè els cims, que ens semblen tan llunyans i silenciosos, també són espais de significat. I nosaltres, inevitablement, els omplim.

Amb creus.
O amb la seva absència.


Noticia: 

Confirmado: la cruz del Aneto no fue robada... ha sido cortada con una radial y un vídeo lo demuestra

 

 

Març 2026

 

 

 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

El Castell de Vacarisses: entre la torre antiga, el castell i la biblioteca, una història que no s’acaba mai

El castell que no vol ser ruïna

Hi ha edificis que semblen senzills quan els mires des de fora, però que, quan hi entres —o quan els penses amb una mica de calma—, es despleguen com una història llarga i plena de girs; el Castell de Vacarisses és exactament això: no tant una fortalesa immutable, sinó un lloc que ha anat canviant de forma i de sentit, adaptant-se als temps sense deixar mai de ser present.

Situat damunt d’un turó que domina el poble, el castell manté encara avui aquella funció primera de mirada i control, però el que veiem no és un castell purament medieval, sinó el resultat de moltes capes superposades, els suspirs de la història, com si cada segle hagués deixat una empremta discreta però persistent.

 

 

Castell de Vacarisses, actual Biblioteca. Font: Autora


La història del castell comença, com tantes altres, amb una incertesa que gairebé és poètica: sabem que ja està documentat l’any 1001, però no sabem amb absoluta seguretat si aquell primer castell era exactament aquí o en un altre punt proper.

Alguns estudis, com els recollits per Antoni Flotats o l’article de Joan Valls i Pueyo, apunten cap a la Torrota, una torre situada al mateix terme que en documents medievals apareix com a castell vell (“castrum vetus”), mentre que el que avui coneixem com a castell seria el nou, un “hospicium” construït prop de la sagrera. 

Aquesta dualitat —vell i nou, torre i casa— no és menor: ens parla d’un moment de transició, d’un territori que s’organitza i es redefineix, d’un poder que es mou i es reorganitza.

 

Un castell de frontera

El castell s’inscriu dins la gran xarxa de fortificacions impulsades pels comtes de Barcelona a finals del segle IX, en el context de la consolidació de la marca del Llobregat; no era només una construcció militar, sinó una eina per estructurar el territori i garantir la repoblació. 

 

 

Finestra del Castell de Vacarisses. Font Morera

 

Durant segles, el domini es reparteix entre grans llinatges: els Montcada, els Castellet, els Desfar… famílies que no només posseïen terres, sinó que exercien poder, administraven justícia i donaven forma al paisatge humà i polític.

Però com passa sovint, aquest poder no és estable: vendes, unions familiars i canvis polítics fan que el castell passi de mans diverses vegades, fins que el 1358 el rei Pere el Cerimoniós el ven a Joan Desfar, iniciant una nova etapa. 

 

De fortalesa a casa

Entre els segles XIV i XV es configura el castell baix-medieval, amb muralles i recintes diferenciats, però el gran canvi arriba més tard, gairebé sense fer soroll: entre els segles XVI i XVIII, el castell deixa de ser una fortalesa estricta i es transforma en una residència. 

 

 

Rellotge de Sol. Font Morera

 

Amb la unió de les famílies Desfar i Amat, i especialment amb l’ascens social d’aquesta darrera —que obté el títol de marquès de Castellbell el 1702—, el castell es reconstrueix i s’amplia; es divideix en tres crugies, adopta l’aspecte d’una masia noble i s’hi afegeixen cups, cellers i espais agrícoles vinculats a l’expansió de la vinya.

És un canvi profund: el castell ja no defensa una frontera, sinó que organitza una economia.

Amb el pas del temps, el castell s’allunya encara més de la seva funció original i s’apropa a la vida del poble; al segle XIX acull escola, ajuntament, habitatges… esdevé un espai viu, utilitari, gairebé domèstic.

Aquesta transformació és especialment interessant perquè trenca la idea del castell com a lloc distant i elitista: aquí, en canvi, el poder es dissol en la quotidianitat, i les pedres que havien servit per controlar el territori passen a formar part de la vida diària.

L’edifici actual conserva encara aquesta complexitat: murs medievals, ampliacions modernes, espais industrials com el gran celler del segle XIX, i fins i tot restes integrades de la roca natural que sostenen l’estructura. 

 

Cup de la sala de cups. Font Morera


Tot plegat configura un conjunt que no és homogeni, però que precisament per això és ric: cada irregularitat, cada afegit, cada canvi de material parla d’una etapa diferent.

 

De l’oblit a la nova vida

Després d’un període de decadència al segle XX, el castell entra en una nova fase amb els estudis arqueològics i la rehabilitació de principis del segle XXI, que el converteixen en biblioteca i espai cultural; una nova manera d’habitar-lo, més silenciosa, però també més oberta. 

 

 

Espai de la Biblioteca. Font Morera
 

 

Avui, entre llibres, activitats i sales polivalents, el castell continua viu, no com una peça de museu, sinó com un lloc que encara es transforma.

Potser el més interessant del Castell de Vacarisses no és decidir si va començar a la Torrota o al turó actual, ni tampoc reconstruir fil per randa la seva evolució; potser el que realment importa és entendre que és un espai fet de continuïtats i de ruptures o, el que és el mateix, de decisions humanes.

Perquè hi ha edificis que expliquen la història… i n’hi ha d’altres, com aquest, que la contenen sense necessitat d’explicar-la del tot.

 

 

Fonts: 

Ajuntament de Vacarisses. Castell de Vacarisses.

 AA. DD. (1991). Castell de Vacarisses. A Els castells catalans (Vol. II, pp. 161–166). Barcelona: Dalmau Editors.

AA. DD. (s. d.). Estudi històric i arqueològic del Castell de Vacarisses. Arqueociència / Servei del Patrimoni Arquitectònic Local de la Diputació de Barcelona.

Flotats, A. (1979). Vacarisses, assaig històric d’un poble (pp. 19–34).

Flotats, A. (1994). Miscel·lània vacarissenca (pp. 104, 197). Vacarisses: Ajuntament de Vacarisses.

Valls i Pueyo, J. (2004, agost). La Torrota o castell vell de Vacarisses. Balcó de Montserrat, (432). 

 

jueves, 9 de abril de 2026

Reflexión: Atlas del conflicto Irán–EE.UU.–Israel (2026): relato de una guerra que no termina de empezar, pero tampoco de detenerse

Mirar la guerra desde aquí 

Tengo la sensación de que el mundo se ha acostumbrado a convivir con la guerra como si fuera un ruido de fondo, algo lejano, casi abstracto, hasta que de pronto deja de serlo y se vuelve imposible de ignorar. Este conflicto —entre Irán, Estados Unidos e Israel— me produce precisamente esa incomodidad: la de estar ante algo que no se si es del todo guerra, pero que ya no puede llamarse paz. Lo que está ocurriendo en Oriente Medio no responde a una lógica sencilla. No hay un frente claro, ni una declaración formal que ordene los acontecimientos. Hay, en cambio, una especie de tejido en tensión constante, donde cada actor tira en una dirección distinta, y donde cualquier intento de pausa parece provisional, casi ilusorio.

Y quizá lo importante aquí, para mi propio razonamiento, es saber ver desde dónde estoy mirando todo ésto, quiero decir, mi posición geográfica. La cual no le quita fuerza a lo que digo, al contrario: lo hace más honesto. Porque no hablo desde un lugar neutral, sino desde una realidad concreta —más protegida, más distante— que también influye en cómo percibo el conflicto. En el fondo, no es solo hablar de lo que pasa allí, de un modo distante o neutral,  sino entender que mi forma de mirarlo también forma parte de la historia.



Art de carrer


Una guerra en red: no hay un frente, hay muchos

Para entender este conflicto hay que imaginar un mapa sin líneas definidas.

Por un lado, Estados Unidos e Israel forman un eje sólido, una alianza histórica basada en intereses militares, estratégicos y políticos. Estados Unidos sostiene el equilibrio global, presiona, negocia, calcula; Israel actúa sobre el terreno, interviene, golpea, anticipa. 

Frente a ellos, Irán despliega una estrategia completamente distinta: no se expone de forma directa, sino que opera a través de una red de aliados —Hezbollah en Líbano, milicias en Irak, grupos en Siria o Yemen— que extienden el conflicto como si fuera una mancha que no termina de fijarse en un solo lugar. Solo en marzo de 2026, estos grupos realizaron centenares de ataques con misiles y drones contra objetivos israelíes, una cifra que distintos observatorios independientes sitúan por encima de los 800.

Y entre ambos bloques, actores como Rusia, China o Turquía se mueven con cautela, sin entrar directamente en combate, pero condicionando el tablero con decisiones estratégicas que pesan tanto como las armas.

 

 


Israel como actor desbordado: cuando el aliado marca el ritmo

Aquí aparece uno de los elementos más inquietantes del momento actual, y no es fácil de nombrar sin matices.

El 8 de abril de 2026, Estados Unidos e Irán anunciaron un alto el fuego temporal, una pausa breve, casi técnica, pero importante. Incluía la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial, un dato que recuerda hasta qué punto este conflicto no es solo regional, sino global.

Sin embargo, apenas unas horas después, Israel intensificó sus bombardeos sobre Líbano, en una de las jornadas más violentas desde el inicio de la escalada. Cientos de víctimas, miles de desplazados, infraestructuras arrasadas.

No se trató de una ruptura formal del acuerdo, porque Israel sostuvo que esa tregua no le incluía en ese frente. Pero en la práctica, el efecto fue claro: debilitó el alto el fuego, provocó nuevas respuestas y volvió a tensar todo el sistema.

Y aquí es donde surge una reflexión: Israel, en este momento, parece actuar no solo como parte de un bloque, sino como un actor que empuja el conflicto más allá de los márgenes que otros —incluido su principal aliado— intentan contener.

Organismos internacionales han advertido sobre el alto número de víctimas civiles y posibles vulneraciones del derecho internacional. No es un detalle menor, porque introduce una dimensión ética que muchas veces queda diluida entre estrategias y cifras.

 


Lo que está en juego: más allá de lo visible

Cuando se observan los mapas, uno podría pensar que todo gira en torno al territorio. Pero en realidad, lo que se disputa es más profundo.

El estrecho de Ormuz es un buen ejemplo: no es solo un paso marítimo, es un punto de presión global. Cada amenaza de cierre afecta directamente a la economía mundial.

También está la cuestión del poder regional. Israel intenta impedir que Irán consolide una red de influencia continua hasta el Mediterráneo. Irán, por su parte, lleva años construyendo exactamente eso.

Y luego está algo más difícil de medir: la necesidad de cada actor de sostener su propio relato.
Israel habla de supervivencia.
Irán de resistencia.
Estados Unidos de equilibrio.

Pero cuando todos los relatos son absolutos, sin márgen de cesión, el espacio para el acuerdo se reduce casi a cero.

 


La situación actual: una tregua que no descansa

Formalmente, hay un alto el fuego. Pero basta observar lo que ocurre sobre el terreno para entender que es una tregua frágil, incompleta y, me atrevo a decir, teatral.

Los ataques no han desaparecido, solo se han desplazado. Israel continúa operaciones intensas en Líbano; Irán responde de forma indirecta; Estados Unidos intenta sostener un equilibrio que parece escaparse por momentos.

Las cifras ayudan a aterrizar esta realidad: más de un millón de personas desplazadas en Líbano, miles de víctimas, ciudades parcialmente destruidas. Son datos que aparecen en informes de agencias internacionales y medios como Reuters o ACLED, y que, sin embargo, a veces quedan diluidos en el flujo constante de noticias.

 


Escenarios posibles: lo que puede venir

Hay varios caminos posibles, y ninguno es completamente tranquilizador.

El primero es una guerra abierta, una escalada directa entre Irán e Israel que arrastre a Estados Unidos. No es inevitable, pero tampoco improbable.

El segundo es, quizá, el más inquietante por su normalidad: que todo continúe así. Una guerra sin nombre, sin final, distribuida en el tiempo y el espacio.

El tercero sería una salida diplomática más sólida, pero exige una voluntad que ahora mismo parece débil...

Y el cuarto, el más imprevisible: que todo estalle por error. Porque en contextos tan tensos, a veces no hace falta una decisión, basta un mal cálculo.

  


Si intento resumir lo que me genera este conflicto, no es solo preocupación, sino una especie de desasosiego más profundo.

No estamos ante una guerra clara que pueda terminar, sino ante un sistema que se mantiene en tensión constante, como si todos los actores jugaran a no cruzar una línea que, sin embargo, cada vez está más borrosa.

Y en ese sistema, Israel aparece hoy como una pieza que no siempre se ajusta al ritmo del conjunto, que actúa con una lógica propia y que, al hacerlo, introduce una incertidumbre adicional en un escenario ya de por sí inestable.

Quizá lo más inquietante no sea lo que está pasando, sino lo que podría pasar en cualquier momento.

Porque cuando la guerra se vuelve parte del paisaje, el verdadero riesgo es que dejemos de verla venir.

 

 

Euronews. (2026, 9 de abril). Ceasefire threatened as Iran closes Strait of Hormuz again and Trump warns US troops to remain. Euronews.

Agencia Anadolu. (2026, 9 de abril). April 9 | Day 40 — Iran–Israel–US War Timeline. Anadolu Agency.

The Guardian. (2026, 8 de abril). In a war with no winners, Netanyahu looks like the biggest loser. The Guardian

Reuters. (2026, 9 de abril). As US and Iran talk truce, Israel digs in for a “forever war”. Reuters.

AP News. (2026, 8–9 de abril). Ceasefire is threatened as Israel expands Lebanon strikes and Iran closes strait again. AP News

Associated Press. (2026, 7–8 de abril). US and Iran agree to 2-week ceasefire as Trump pulls back on threats. AP News

Naciones Unidas. (2026). Informes sobre la situación humanitaria en Oriente Medio.

RTVE Noticias. (2026, 9 de abril). Guerra de Irán, última hora en directo: crónica y actualizaciones del conflicto

EFE. (2026, 7 de abril). Guerra contra Irán, en directo: evolución de la crisis entre Estados Unidos, Israel e Irán. EFE.

La Razón. (2026, 9 de abril). Guerra de Irán, en directo: últimas noticias sobre ataques de EE. UU. e Israel, el Estrecho de Ormuz y el estado del alto el fuego. La Razón

Departamento de Seguridad Nacional (España). (2026, 9 de marzo). Oriente Medio: guerra con Irán — Las inciertas consecuencias del dominio militar estadounidense e israelí. Ministerio del Interior (España).

Departamento de Seguridad Nacional (España). (2026, 6 de abril). Oriente Próximo — Conflictos: situación actual y reacciones internacionales. Ministerio del Interior (España). 

    

 

miércoles, 8 de abril de 2026

El Palà de Vacarisses i la memòria del territori

Un mas, un nom i les capes d’un paisatge que no desapareix

 

El mas del Palà, situat al terme de Vacarisses, és molt més que una fitxa del patrimoni rural en un llistat: és un d’aquells llocs que semblen sostenir, en silenci, la memòria llarga del paisatge. No és només una masia antiga, sinó un punt d’ancoratge que ha anat vertebrant el territori al llarg dels segles, fins al punt que encara avui continua present en la manera com l’espai s’organitza i es nomena. La urbanització que s’estén al seu davant —avui dividida en les Comelles del Palà i Can Xoles del Palà— n’és una prova clara: el nom del mas ha perdurat, com una ombra persistent que resisteix els canvis del temps.

 

Font:  Atento Maresme

 

Els seus orígens es remunten al segle X, quan apareix documentat com a mas Riera, en un moment de reorganització del territori sota el domini feudal. A mitjan segle X, el mas fou donat al monestir de Santa Cecília de Montserrat, fet que ens parla d’un temps en què la terra no era només un lloc per viure i treballar, sinó també una peça dins d’una complexa xarxa de poder. El nom de “Riera” no és casual: remet a la riera de Marà, que passa a prop del mas, i ens situa en una relació directa amb l’aigua i amb una manera d’entendre el territori profundament vinculada al medi.

Amb els segles, el mas no només perdura, sinó que es transforma. Al segle XI, un conflicte per l’ocupació indeguda de les terres es resol a favor del monestir, confirmant el seu valor i la seva importància. Ja al segle XIII, documentat com a manso de Riaria, es consolida com una explotació estable dins del terme. Més endavant, entre els segles XV i XVII, el mas passa per diferents mans i noms —Riera Bayona, després en possessió de la família Font— fins que, a finals del segle XVII, el cognom Palà s’imposa i acaba donant nom definitiu a la finca.

 

Planimètric ICGC
 

Aquest canvi és més que nominal: mostra com el territori deixa de definir-se només per les seves característiques físiques per passar a incorporar la petjada humana. Quan un cognom esdevé topònim, el paisatge es carrega de memòria familiar i d’identitat.

Però el Palà —o el vell Riera— no era un espai aïllat. La seva ubicació, a tocar de camins històrics que connectaven Olesa, Manresa i Montserrat, el situava enmig d’un flux constant de persones. Pelegrins, traginers i viatgers transitaven per aquest indret, convertint-lo en un espai viu i obert. No és estrany, doncs, que al seu entorn hi apareguessin serveis vinculats al pas, com un hostal o altres espais d’acollida. El mas no només produïa: també observava i participava d’aquest món en moviment.

En relació: Font de la Teula, Font de l'Hort Gran 

Al segle XVIII, el mas ja s’havia consolidat com una de les grans explotacions agràries de Vacarisses. La seva extensió —que arribava a ser molt considerable— no s’explica només per la continuïtat, sinó també per un procés d’absorció progressiva de terres i de petits masos o unitats agràries que, amb el temps, havien quedat abandonats. Sovint, aquests espais no han deixat un rastre clar en la documentació, però la seva integració es pot intuir en la mateixa dimensió de la finca. Més que una suma de noms, el que es dibuixa és un procés silenciós de concentració de la terra, molt característic del món rural d’època moderna.

 

Font: Atento Maresme

Arquitectònicament, el Palà és el resultat d’un temps llarg, gairebé lent, en què cada generació hi ha deixat la seva empremta. El nucli original, de planta quadrada i coberta a dues aigües, respon a la lògica funcional de la masia tradicional. Amb els anys, però, s’hi afegeixen elements com un porxo d’arcs de mig punt, una galeria superior i diversos espais adaptats a noves necessitats. A la part posterior, els cups de vi recorden la importància de la vinya en l’economia del mas, quan el paisatge no era només una imatge, sinó també treball, cicle i subsistència. El mas no és, doncs, una estructura estàtica, sinó una forma viva que ha sabut adaptar-se al pas del temps.

 

Font: Atento Maresme

Al segle XX, especialment a partir de la segona meitat, el territori experimenta una transformació profunda. La pèrdua de pes de l’activitat agrària i la pressió urbanística afavoreixen la conversió del sòl rural en espai residencial. És en aquest context que neix la urbanització El Palà, que pren el nom de la masia com si, fins i tot en la ruptura, fos necessari mantenir un fil de continuïtat. Amb el temps, aquesta urbanització es fragmenta en diferents sectors —Comelles I, Can Xoles i Comelles II—, responent a fases de creixement i a un model d’ocupació dispersa, característic del Vallès Occidental contemporani.

 

icgc

La relació entre el mas i la urbanització no és tant de substitució com de superposició. El Palà continua present, visible, com una memòria material que persisteix, mentre que al seu voltant el paisatge ha canviat de lògica: del camp treballat al sòl parcel·lat, del temps agrícola al temps residencial. Entre aquests dos mons encara es poden llegir traces del passat: camins antics, marges, espais buits que conserven, gairebé de manera involuntària, l’estructura del territori anterior.

Potser és precisament aquesta convivència el que fa d’aquest lloc un espai especialment suggerent. Perquè el mas del Palà no explica una ruptura, sinó una acumulació. No és només una masia ni només un nom: és una forma de continuïtat. Una presència discreta que ens recorda que els paisatges no desapareixen mai del tot, sinó que es transformen, capa a capa, mantenint viva, encara que sigui en silenci, la memòria del que han estat.

 

Diputació de Barcelona. El Palà (Vacarisses). Inventari del Patrimoni Cultural.

Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya. Visor Vissir 

Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya. Cartografia històrica i ortofotomapes de Catalunya.  

Ajuntament de Vacarisses. (01/03/2026.). Patrimoni i història local.

Generalitat de Catalunya. (15/02/2026). Inventari del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya (IPAC)

VALLS i PUEYO, J (1997). "El mas Riera", Balcó de Montserrat, núm. 352 (desembre). 

VALLS i PUEYO, J (1995). "Els Font i els Palà de Vacarisses", Balcó de Montserrat, núm. 318 (febrer). 

 Imatges: https://www.atentomaresme.com/

ICGC Vissir

 

domingo, 5 de abril de 2026

Què ens diu avui el poblament dispers medieval de Vacarisses?

Camins que uneixen allò que sembla separat 

Si avui caminem pels senders de Vacarisses, entre pinedes, torrents i marges de pedra seca, el paisatge pot semblar fragmentat, dispers, fins i tot una mica desordenat. Masos separats, camins que no segueixen línies rectes, nuclis que no acaben de formar un centre clar. Però aquest aparent desordre amaga, en realitat, una forma molt precisa i preciosa d’organitzar el territori.

El poblament dispers medieval no és una manca d’estructura. És, al contrari, una manera d’habitar profundament adaptada al lloc.

 

Masia can vives
Masia de Can Vives. Foto autora

 

Durant l’edat mitjana, Vacarisses no es configurava a partir d’un nucli compacte, sinó d’una xarxa de masos repartits pel territori. Cada mas era una unitat de vida, de producció i de relació amb l’entorn. No eren cases aïllades, sinó punts dins d’un sistema que connectava camps, boscos, camins i espais de poder.

Aquesta forma d’ocupació del territori responia a necessitats concretes. Calia aprofitar la terra, gestionar els recursos, mantenir una certa autonomia. Però també calia estar connectat. I és aquí on els camins adquirien tot el seu sentit.

Els camins medievals que travessaven Vacarisses no eren només vies de pas, sinó els fils que cosien aquest territori dispers. Connectaven masos entre si, però també amb espais clau veïnals o amb altres poblacions del voltant.

 

Pla de les bruixes. Foto autora

 

Un dels eixos principals era el camí ral que unia Barcelona amb Manresa, del qual una de les seves variants passava per aquest territori i descendia cap al Llobregat. Però més enllà d’aquest gran recorregut, el que realment estructurava la vida quotidiana era una xarxa de camins de ferradura, estrets i adaptats al relleu.

Encara avui podem reconèixer aquesta xarxa en itineraris que connecten Vacarisses amb Olesa de Montserrat, amb Terrassa o amb Rellinars. Camins que no responen a una planificació abstracta, sinó a una lògica pràctica: evitar pendents innecessaris, aprofitar colls naturals, seguir el curs dels torrents.

 

Coll de cabra. Foto autora

 

El paisatge, en aquest sentit, no era un obstacle, sinó una guia. 

 

Camí Turó del ros. Foto autora

 

Aquest model de poblament dispers també ens parla d’una relació diferent amb el territori. No hi havia una separació clara entre espai habitat i espai productiu. La casa, el camp i el camí formaven part d’una mateixa realitat. Habitar volia dir treballar la terra, però també moure’s per ella, conèixer-ne els límits i les possibilitats.

Els masos, sovint situats en punts estratègics —prop d’aigua, en zones fèrtils o en llocs de pas—, esdevenien centres d’una microgeografia pròpia. I els seus noms, molts dels quals encara es conserven, són una forma de memòria que ens connecta amb aquelles primeres formes d’organització.

 

Sanana. Foto autora


Encara avui, quan caminem pel terme, podem intuir aquesta estructura en petits detalls. En un camí que sembla antic, en un marge de pedra que delimita un espai, en la distància entre una casa i una altra. Són fragments d’un sistema que, tot i les transformacions, no ha desaparegut del tot.

Recórrer aquests espais és també una manera d’entendre el temps. Imaginar la vida en un mas medieval, el moviment constant entre punts dispersos, la dependència dels camins, ens situa davant d’una manera de viure més lenta, però també més connectada amb l’entorn immediat.

I és aquí on el poblament dispers ens interpel·la avui.

En un moment en què sovint busquem concentració, rapidesa i eficiència, aquest model ens recorda altres formes possibles d’organització. No es tracta d’idealitzar el passat, sinó d’entendre que hi ha hagut maneres diferents de relacionar-se amb el territori.

 

Vestigis mas de l'Hospici. Font autora

El poblament dispers de Vacarisses no és només una herència històrica. És també una clau per llegir el paisatge actual. Ens ajuda a entendre per què el territori és com és, per què els camins segueixen determinats traçats, per què els masos apareixen on apareixen.

Però, sobretot, ens convida a mirar d’una altra manera.

A veure en la dispersió no un desordre, sinó una forma de coherència. A entendre que el territori no és només un espai que ocupem, sinó una realitat que es construeix amb el temps, amb els recorreguts i amb les decisions de les persones que l’han habitat.

I potser, en aquesta mirada més lenta i atenta, hi ha també una manera de reconnectar amb el lloc on som.




Bibliografia

Ajuntament de Vacarisses. (2026). Història de Vacarisses.

Diputació de Barcelona. (2010). Mapa de patrimoni cultural de Vacarisses

Patrimoni Cultural. Les Comelles (Vacarisses). Diputació de Barcelona. 

Patrimoni Cultural. Torrella (Vacarisses). Diputació de Barcelona

Edat Mitjana a Vacarisses. (2017). Masia de la Calsina, Vacarisses.

Patrimoni de Vacarisses. (2015). Entrades sobre masies medievals de Vacarisses.

Naturalocal. El castell de Vacarisses



Vacarisses i entorn (Serra de l’Obac) – OpenStreetMap