Ceuta y Melilla: dos ciudades españolas al otro lado del Mediterráneo
Una tarde de tardeo, quedar para tomar una birra y hablar de cualquier cosa… cualquier cosa menos de historia, política, fronteras, Marruecos, Gibraltar y demás temas que, personalmente, me apasionan lo mismo que hacer la declaración de la renta un domingo por la tarde (ironía).
Pero claro, alguien saca el tema de Ceuta y Melilla.
Y ya está.
Lo que iba a ser una tarde tranquila de birras empieza a convertirse en un October Fest histórico: que si Ceuta es española, que si está en África, que si Marruecos la reclama, que si Melilla, que si Gibraltar, que si Portugal… y cuando quieres darte cuenta llevas no sé cuánto tiempo hablando de tratados del siglo XVII mientras la cerveza empieza a hacer su trabajo.
Así que, como estos son precisamente esos temas que una intenta evitar en una conversación de tardeo, pensé que lo mejor era hacer lo que haría cualquier persona sensata: estudiarlo bien y escribir.
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| Espectacular vista panorámica de la ciudad de Ceuta |
Lo que está pasando estos días en Ceuta no es solo una crisis migratoria, es un despropósito. Las imágenes de cientos de personas intentando cruzar la frontera, el despliegue de las fuerzas de seguridad, la tensión constante entre España y Marruecos y un Mediterráneo que vuelve a convertirse en escenario de tragedias humanas nos obligan, una vez más, a mirar hacia ese pequeño rincón del mapa que tantas veces aparece en las noticias y tan pocas veces entendemos de verdad.
Porqué hay lugares donde la geografía parece llevar la contraria a la historia. Ceuta y Melilla son, probablemente, el mejor ejemplo de ello. Basta abrir un mapa para sentir una cierta contradicción: dos ciudades situadas en el continente africano, rodeadas por Marruecos y separadas de la península por el estrecho de Gibraltar, forman parte de España desde hace siglos. A primera vista parece una anomalía, una excepción difícil de explicar. Sin embargo, cuando uno se acerca a su historia descubre que la realidad es mucho más antigua, más compleja y mucho más interesante que cualquier eslogan político.
Durante años habrás escuchado una frase repetida casi como una evidencia: «Ceuta y Melilla son colonias españolas en África.» Pero la historia, no siempre es lo que se cuenta a viva voz, en este caso obliga a matizar mucho esa afirmación. No porque no exista un conflicto político entre España y Marruecos, que existe, sino porque el origen de ambas ciudades es muy anterior al colonialismo europeo del siglo XIX y, de hecho, anterior incluso al nacimiento del Estado marroquí tal como hoy lo conocemos.
Comprender Ceuta y Melilla significa mirar el Mediterráneo como lo hacían las civilizaciones antiguas: no como una frontera entre continentes, sino como un espacio de comunicación, comercio, guerras y encuentros.
Ceuta: una ciudad que eligió seguir siendo española
La historia de Ceuta comienza mucho antes de España y de Marruecos. Fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y distintos reinos musulmanes pasaron por ella atraídos por un mismo motivo: controlar el estrecho de Gibraltar era controlar una de las puertas más importantes del mundo.
El gran cambio llegó en 1415, cuando el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad. Aquella expedición no fue un episodio aislado, sino el inicio de la expansión marítima portuguesa por la costa africana, una expansión que acabaría llevando a Portugal hasta la India, Brasil y buena parte del Atlántico.
El dato con el que nos quedamos es que, durante más de siglo y medio Ceuta fue portuguesa.
Entonces ocurrió un hecho decisivo para entender su historia. En 1580, tras una crisis sucesoria en Portugal, Felipe II heredó la Corona portuguesa y ambos reinos quedaron unidos bajo un mismo monarca en la llamada Unión Ibérica. Ceuta pasó a formar parte de aquella gran monarquía, en la que nunca se ponía el Sol, que gobernaba territorios en Europa, América, África y Asia.
Pero la pregunta realmente importante llega en 1640.
Ese año Portugal recuperó su independencia después de una guerra contra la Monarquía Hispánica. Lo lógico sería pensar que Ceuta volvió automáticamente a Portugal. Sin embargo, no ocurrió así.
Fueron las propias instituciones de la ciudad, su cabildo y sus élites locales, quienes decidieron permanecer fieles al rey de España. La decisión tenía razones políticas, económicas y militares. Ceuta dependía en gran medida de las rutas comerciales y del apoyo militar peninsular, y consideró más conveniente mantener ese vínculo que regresar a la Corona portuguesa.
La decisión fue reconocida oficialmente años después mediante el Tratado de Lisboa de 1668, el acuerdo que puso fin a la guerra entre España y Portugal y por el que Portugal reconoció la soberanía española sobre Ceuta.
Ese detalle histórico es fundamental porque responde a una pregunta que suele aparecer en una mente inquieta...
¿Por qué Portugal no reclama hoy Ceuta?
Sencillamente porque Portugal reconoció hace más de tres siglos que la ciudad dejaba de formar parte de su territorio. Desde entonces no existe ninguna reivindicación portuguesa sobre Ceuta, ni política ni diplomática. Para Portugal es una cuestión cerrada desde el siglo XVII.
Melilla: la expansión de Castilla en el Mediterráneo
La historia de Melilla siguió un camino diferente al de Ceuta, aunque ambas acabarían compartiendo un mismo destino dentro de la historia de España. En este caso tenemos que situarnos en 1497, apenas cinco años después de la conquista de Granada, en un momento en el que la Corona de Castilla estaba consolidando su posición en el Mediterráneo y mirando cada vez con mayor atención hacia las costas del norte de África. La desaparición del último reino musulmán de la península no significó que desaparecieran las amenazas procedentes del Mediterráneo, y las costas andaluzas continuaban expuestas a ataques de corsarios y a la actividad de diferentes poderes musulmanes del norte de África.
En este contexto, Melilla adquirió una importancia estratégica enorme. La ciudad, que había conocido épocas de prosperidad pero que en aquel momento se encontraba debilitada y prácticamente despoblada después de años de conflictos entre los poderes locales, fue ocupada en 1497 por Pedro de Estopiñán en nombre de los Reyes Católicos. No se trataba simplemente de conquistar una ciudad africana por el deseo de ampliar territorios, sino de establecer un punto fortificado desde el que proteger las costas peninsulares, controlar las rutas marítimas y disponer de una posición estratégica frente a las amenazas que llegaban desde el norte de África. Melilla se convirtió así en una pieza más dentro de la política defensiva y mediterránea de la Corona de Castilla.
A partir de aquel momento comenzó una relación que se prolongaría durante siglos. Melilla quedó bajo soberanía castellana y, posteriormente, pasó a formar parte de la Monarquía Hispánica, manteniendo siempre una función esencialmente militar y defensiva. Durante mucho tiempo fue, sobre todo, una plaza fortificada, una ciudad frontera que sobrevivía gracias a su relación con la península y que mantenía una situación de permanente tensión con los poderes establecidos en el territorio que la rodeaba.
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| Frontera de Melilla con Marruecos |
Y aquí aparece una cuestión fundamental para entender el debate actual. Cuando hoy hablamos de la presencia española en el norte de África, es muy fácil mirar hacia el siglo XIX y relacionarla inmediatamente con el colonialismo europeo y con el reparto de África. Sin embargo, en el caso de Melilla la cronología, como el caso de Ceuta, es muy diferente. Cuando las grandes potencias europeas comenzaron a repartirse África, Melilla ya llevaba casi cuatrocientos años vinculada a la Corona de Castilla. Ceuta, por su parte, había pasado por una trayectoria portuguesa antes de quedar definitivamente bajo soberanía española en el siglo XVII.
Esta diferencia temporal es importante porque el Protectorado español en Marruecos no se estableció hasta 1912. Es decir, entre la incorporación de Melilla a Castilla en 1497 y la creación del Protectorado transcurrieron más de cuatro siglos. No estamos, por tanto, ante dos ciudades que España conquistara durante la expansión colonial del siglo XIX, aunque posteriormente quedaran integradas en el espacio colonial español del norte de África. Su presencia española es muy anterior y responde a circunstancias históricas diferentes.
Una frontera mucho más antigua que Marruecos
Aquí aparece uno de los puntos más delicados de esta historia: la relación entre Ceuta y Melilla y el actual Reino de Marruecos. Para entender el conflicto de hoy no basta con mirar el mapa y comprobar que ambas ciudades están en África y rodeadas por territorio marroquí. Hay que recordar que el Marruecos que conocemos actualmente como Estado independiente es relativamente reciente. Cuando Ceuta y Melilla quedaron vinculadas a las monarquías ibéricas, el actual Estado marroquí todavía no existía como tal.
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| Imagen de la frontera de Ceuta con Marruecos |
Marruecos alcanzó su independencia en 1956 y, desde entonces, ha mantenido la reivindicación de Ceuta y Melilla, considerándolas territorios que deberían formar parte, por extensión, de su país. Desde la perspectiva española, en cambio, ambas ciudades llevan siglos formando parte de sus estructuras políticas y administrativas y, por tanto, su soberanía no se considera una cuestión pendiente. A ello se suma una larga historia de tratados y acuerdos que fueron delimitando las fronteras de las ciudades con los territorios vecinos.
La realidad histórica, por tanto, resulta bastante más compleja que la idea de que España simplemente «ocupó una parte de Marruecos». Ceuta y Melilla ya estaban vinculadas a las monarquías ibéricas mucho antes de que comenzara el Protectorado español de Marruecos en 1912 y mucho antes de la independencia del Estado marroquí. Pero tampoco sería correcto utilizar esta antigüedad histórica para negar que hoy exista un conflicto político con Marruecos. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: Ceuta y Melilla llevan siglos vinculadas a España y, al mismo tiempo, Marruecos considera que deberían formar parte de su territorio.
Una historia que obliga a mirar el mapa de otra manera
Es fascinante descubrir que los mapas nunca cuentan toda la verdad, o por lo menos no nos la cuentan entera. Nos muestran líneas, colores y nombres que parecen inmutables, como si las fronteras hubieran estado siempre ahí, separando unos territorios de otros de una manera casi natural. Pero basta con acercarse un poco a la historia para descubrir que detrás de cada una de esas líneas hay personas, decisiones, guerras, tratados, herencias, conquistas y cambios políticos que raramente caben en el espacio de un mapa.
Ceuta y Melilla son un buen ejemplo de ello. Son ciudades africanas desde el punto de vista geográfico, pero su historia quedó ligada a las monarquías ibéricas hace más de quinientos años y, desde entonces, fueron construyendo una realidad propia que llega hasta nuestros días. Esa es una de las razones por las que hoy forman parte de España, pero también es lo que explica que continúen siendo objeto de reivindicación y de debate.
Y quizá lo más interesante sea que, detrás de la discusión sobre a quién pertenecen, hay también una historia de personas que han nacido, vivido y construido su vida en esas ciudades. Para ellas, Ceuta y Melilla no son solamente un punto estratégico en el mapa ni una cuestión de política internacional; son calles, casas, recuerdos, familias y una tierra que sienten como propia.
Por eso, cuando miro un mapa y veo esas dos pequeñas ciudades españolas al otro lado del Mediterráneo, ya no las veo simplemente como una rareza geográfica. Veo el resultado de una historia larguísima, llena de decisiones tomadas por personas que vivieron en otros tiempos y que, sin saberlo, estaban dibujando parte del mundo en el que nosotros vivimos hoy.
Quizá la pregunta más interesante no sea si algún día dejarán de ser españolas, porque nadie puede saber qué aspecto tendrán las fronteras dentro de cien o doscientos años. La historia nos ha demostrado demasiadas veces que aquello que parece permanente puede cambiar. Quizá la pregunta que merece más la pena hacerse sea otra: ¿cómo hemos llegado hasta aquí y qué significa, para quienes viven allí, formar parte de una historia que empezó hace tantos siglos?
Porque las fronteras pueden parecer inmóviles cuando las contemplamos desde lejos, pero cuando nos acercamos descubrimos que están hechas de tiempo. Y el tiempo, a diferencia de las líneas de un mapa, nunca permanece quieto.
Y hablando de fronteras españolas difíciles de explicar sobre un mapa, hay otra que merece detenerse un poco: Gibraltar. Su historia es diferente, y también lo son las circunstancias que hicieron que acabara bajo soberanía británica.
Pero esa… os la cuento con otra birra.
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Bibliografía
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Delshad, P. (2025, 10 de septiembre). UNIT 1. Border politics. Representing Borderlands: The EU Border in Africa [Vídeo]. Canal UNED.
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