La revolución que volvió a encerrar a la libertad
La República Islámica de Irán nació en 1979 tras una revolución que prometía justicia social, independencia y dignidad para la población. La caída del Sha fue celebrada por amplios sectores de la sociedad, que vieron en aquel cambio la posibilidad de construir un país más justo. Sin embargo, muy pronto esas expectativas se frustraron.
El nuevo Estado se organizó como una teocracia, un sistema en el que el poder político quedó en manos de líderes religiosos. El ayatolá Ruhollah Jomeini se convirtió en la máxima autoridad del país y, desde el principio, se crearon instituciones como el Consejo de Guardianes, formado por clérigos no elegidos por la ciudadanía y con capacidad para vetar leyes y candidatos. Aunque existían elecciones y parlamento, el margen real de decisión fue siempre muy limitado.
La represión marcó los primeros años del régimen. Primero se persiguió a los responsables del antiguo sistema, y poco después a partidos laicos, intelectuales, estudiantes y activistas que habían participado en la revolución. Al mismo tiempo, los derechos de las mujeres se vieron gravemente restringidos mediante leyes que regulaban su vestimenta, su conducta y su presencia en el espacio público.
Durante los años ochenta, la guerra contra Irak agravó aún más la situación. El conflicto dejó cientos de miles de muertos y enormes costes sociales y económicos, y sirvió al régimen para reforzar el control interno en nombre de la defensa nacional. Tras la muerte de Jomeini, algunos gobiernos intentaron introducir reformas económicas o suavizar las relaciones internacionales, pero el núcleo del poder religioso nunca se puso realmente en cuestión.
Desde entonces, Irán ha vivido una repetición constante: periodos de esperanza seguidos de desilusión. Presidentes considerados moderados prometieron más libertades y apertura, pero chocaron una y otra vez con el líder supremo y los órganos religiosos, que mantuvieron intacto el carácter autoritario del sistema.
En los últimos años, esta tensión ha estallado con fuerza. Las protestas masivas, protagonizadas sobre todo por mujeres y jóvenes, no reclaman solo cambios puntuales, sino que cuestionan la base misma del régimen. La muerte de una joven bajo custodia policial se convirtió en símbolo del rechazo a la imposición religiosa y a décadas de falta de libertades.
La respuesta del Estado ha sido dura: detenciones, censura, juicios rápidos y una represión destinada a infundir miedo. A ello se suma una grave crisis económica, agravada por sanciones internacionales y problemas de gestión, que ha erosionado todavía más la legitimidad del gobierno.
Hoy, Irán vive una profunda contradicción. Por un lado, un Estado que se aferra a un modelo teocrático y autoritario; por otro, una sociedad diversa, joven y en constante transformación que reclama derechos, dignidad y futuro. Durante más de cuatro décadas, el régimen ha intentado imponer una identidad única, moral y religiosa, pero el resultado no ha sido estabilidad, sino una tensión permanente entre la norma impuesta y la vida real.
La protesta silenciosa
Esta historia funciona también como una advertencia. Las revoluciones que no aceptan la crítica, que se cierran sobre sí mismas y convierten el poder en dogma, acaban traicionando las aspiraciones que las hicieron posibles. En Irán, la promesa de justicia social se transformó con el tiempo en un sistema rígido, incapaz de adaptarse a su propia sociedad.
Mirar a Irán hoy es, en el fondo, mirar una lucha universal: la de las personas frente a estructuras de poder y abuso que pretenden ser eternas. Es una historia de resistencia cotidiana, de memoria viva y de una ciudadanía que, pese al miedo, sigue reclamando libertad, derechos y dignidad.
El desenlace aún no está escrito. Pero lo que ya resulta evidente es que ninguna sociedad puede sostenerse indefinidamente contra su propia gente.
Alcaraz, A. (2025, 16 de septiembre). El caso de Mahsa Amini en Irán: qué ocurrió, por qué protestó la gente y qué pasa hoy. Amnistía Internacional España.
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La ONU habla de “cientos” de muertos durante las protestas en Irán: “Esta violencia horrible no puede continuar”. (2026, 13 de enero). Cadena SER.
La crisis económica desata protestas en Irán y abre una brecha contra el régimen islámico. (2026, 2 de enero). Tribuna Madrid (EFE).
Renyer, J. (2026, 9 de enero). L’Iran islamista no és la Veneçuela chavista, és molt pitjor i més perillós. Blocs MesVilaWeb.



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