La Maladeta (3312 m)
En el Pirineo aragonés se alza una montaña que ha desafiado siglos de exploradores, científicos y montañeros: la Maladeta. Su nombre suena ominoso, evocando peligros y leyendas, pero detrás de esa resonancia hay un misterio lingüístico fascinante. ¿Maldita? ¿La más alta? ¿Montaña de roca? La respuesta no es sencilla, y cada teoría ofrece un fragmento de historia, geografía y cultura que merece ser contado y cuestionado.
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Glaciar y macizo. Foto: C. Vargas |
Posibles etimologías: entre leyenda y lengua
La versión más conocida proviene de relatos locales: Maladeta vendría del occitano “maladeta”, que significa “maldita”. Y no es un mero capricho del lenguaje: las leyendas y voces populares de la zona narran cómo Cristo, disfrazado de mendigo, castigó la falta de generosidad de los pastores convirtiendo su ganado en piedra y sus praderas en hielo. Se dice que los rebaños y los pastores quedaron petrificados bajo las nieves eternas de la montaña, un castigo que daba cuerpo al temor que la Maladeta inspiraba en todos los que la contemplaban. La historia, tan terrible como fascinante, convirtió a la montaña en un mito viviente, un espacio donde la naturaleza y la leyenda se entrelazaban con fuerza inquebrantable.
Sin embargo, los lingüistas no han dejado de explorar alternativas más racionales. Algunos sostienen que “Maladeta” proviene de la expresión aragonesa “Mall Eta”, que significaría “la más alta” o “cumbre alta”. Esta interpretación se apoya en la recurrencia de la voz Mall o Malh en la toponimia local y occitana: cumbres como Mall Pintrat o Malh Pllanèr conservan la misma raíz, reflejando un uso sistemático para designar alturas. Según esta hipótesis, los benasqueses simplemente nombraban sus montañas más imponentes con una fórmula descriptiva, y el significado de “maldita” habría llegado después, alimentado por la leyenda y el miedo.
Una tercera corriente propone un origen aún más ligado al paisaje: “malladeta”, en aragonés, sería un diminutivo de “majada” o “pequeña zona de mallos” (1), esas formaciones rocosas tan características del Pirineo. Así, la Maladeta no sería una condena ni un epiteto poético, sino simplemente una montaña reconocible por su geografía accidentada y sus rocas imponentes. Esta explicación recuerda que, muchas veces, los nombres antiguos reflejan el mundo tal como era percibido por quienes vivían a sus pies, y no la imaginación de quienes llegaron siglos después.
La montaña y su tributo de sangre: Pierre Barrau ‘Pierrine’
Si el nombre de la Maladeta fascina por su misterio, la montaña misma impresiona por su dureza implacable. Entre todos los que han intentado conquistarla, destaca la tragedia de Pierre Barrau, apodado Pierrine, un experimentado guía de Luchón que conocía cada rincón del macizo. Durante una expedición en agosto de 1824, Barrau se enfrentó a la rimaya, esa grieta traicionera que separa hielo y roca en el glaciar. El suelo cedió bajo sus pies y, en un instante, el guía desapareció en el abismo blanco, engullido por el hielo que tantas veces había recorrido.
Durante décadas, su destino permaneció sellado en el corazón del glaciar, hasta que, en 1931, la montaña, lenta e implacable, devolvió sus restos al frente del hielo, transportados por el movimiento inexorable del glaciar. La historia de Pierrine Barrau sigue recordándonos que la Maladeta dicta sus propias reglas, y que incluso los más expertos deben rendirse ante su fuerza.
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La Rimaya 16/8/2025. Foto: C. Vargas |
Hoy, la Maladeta sigue siendo un enigma. Su nombre resuena con ecos de leyenda, ciencia y geografía, y la memoria de hombres como Pierrine Barrau añade un peso humano que convierte a la montaña en algo más que un simple pico. No es solo la cumbre de un macizo; es un archivo de historias, un lugar donde la lengua, la tradición y la naturaleza se encuentran, donde la grandeza se mide en riesgo, y donde el respeto se impone tanto como la altura misma.
Subir a la Maladeta es enfrentarse a su historia y a su misterio, siempre desde el respeto. Es comprender que cada grieta, cada roca y cada leyenda forman un relato vivo que continúa más allá de nuestras botas y mapas. Es, en definitiva, la reina “maldita” que aún gobierna silenciosa el Pirineo y que, de algún modo, reclama su reconocimiento frente a su vecina, apenas más alta, el Aneto.
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Ed. Alpina |
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(1) La palabra "mallo" en Aragón se refiere a formaciones geológicas verticales, como peñas o agujas formadas por conglomerados de roca. Su etimología es objeto de debate; las teorías más aceptadas incluyen: derivación del latín malleus (“mazo” o “martillo”), influencia del euskera (mal o mall, “montaña” o “peña”) y raíz prerromana molh (“peña” o “roca”) (García Omedes, s.f.; Cánovas, s.f.).
García Omedes, A. (s.f.). El Reino de los Mallos.
Cánovas, J. (s.f.). Geografía ibérica – Diccionario etimológico.
Piedras-Sagradas.es. (s.f.). Rebaños petrificados de la Maladeta (Benasque).
PeakVisor.com. (s.f.). Pico de la Maladeta.
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